Al maestro con cariño

Un viernes de mayo frio de cielo gris, con árboles desnudos y calles cubiertas por un colchón marrón de hojas, se llevaba a cabo el velatorio del maestro Julio Castro. A lo lejos en el Museo Pedagógico, cerca de la Plaza Cagancha, se puede apreciar un punado de personas en la puerta listos para participar de dicho acontecimiento.
A simple vista se podía apreciar reencuentros entre viejos compañeros de lucha con un toque de emoción por lo sucedido.
El maestro Julio Castro fue uno de los muchos desaparecidos durante la dictadura que se vivió en  nuestro país durante los años 1973 y 1984. Desapareció en la vía publica el 1 de agosto, y lo trasladaron a un centro clandestino  en la Avenida Millán Nº 4269, en donde a causa de varias torturas y sin atención medica posterior, falleció  el 3 de agosto de 1977. Sus restos fueron hallados en el 2011 en el Batallón de Toledo.
Como consecuencia de esto, se llevó a cabo su velatorio el día 11 de mayo.  Al entrar al museo además de estar lleno de gente, se podía apreciar varias piezas que constituyen la enseñanza de nuestro país. Dentro de una gran vitrina de madera con anchas puertas de vidrio, se encontraban varios objetos de alumnos de la maestra Enriqueta Compte y Rique . Un libro de matrículas, por ejemplo, con datos personales del estudiante y las inasistencias, que por cierto eran casi nulas.  También había tejidos  realizados por ellos, y un banco a escala que se usaba en aquella época.
Al lado de la vitrina, se encontraba la sala de “Internado de señoritas” donde se realizaba el velatorio.  Un gran salón bien iluminado, con piso de parquet, hileras de sillas de maderas a ambos lados y representaciones de rostros incrustados en las paredes, de la talla de Dámaso A. Larrañaga, Francisco Bauza e Isidoro de María, entre otros.
Al final de la sala, sobre una larga mesa, estaba un cofre de madera con los restos del maestro, con una chapa incrustada que indicaba su nombre , y debajo del mismo había una particularidad: se encontraban tres fechas: 1098-1977-2011. La primera indica el ano de su nacimiento, la segunda el ano de su desaparición y fallecimiento y la tercera el ano que encontraron sus restos.
A la izquierda de dicho cofre, se encontraba rodeada de varias personas que no paraban de saludarla Luisa Cuesta, integrante de Familiares Desaparecidos y Detenidos, madre de Nebio Melo Cuesta, desaparecido en 1976 en Buenos Aires. Alejada de los medios desde hace varios años,  hizo una excepción el año pasado para brindarle una entrevista a unos estudiantes de la Licenciatura de Ciencias de la Comunicación contando su rica historia de vida y su interminable lucha a pesar de sus 92 años.
Sentada en una silla de madera, no había persona que no se detuviera para saludarla. Detrás de sus lentes redondos y grandes, se encontraba su mirada con la ternura de una niña, recibiendo gesto de afecto. No faltaron palabras de admiración y hasta dulces abrazos que recibió una vez que se pudo levantar con ayuda de una mujer, quien estaba todo el tiempo con ella.
Entre saludos y muestras de admiración mientras intentaba caminar, su pequeño cuerpo se perdia entre la multitud.  La gente que recién arribaba a la sala, pero que no podía llegar hasta ella, la seguía con la mirada, incluso una señora cuando la vio pasar dijo en voz alta:” Que chiquita esta, cada vez mas chiquita”.
A la hora 19:25 se retiraba la reciente ciudadana ilustre de Montevideo, eterna luchadora, quizás en su interior con el deseo vivo de por fin saber que fue verdaderamente de su hijo Nebio. Con la única esperanza de poder reencontrarse con sus restos algún día.

Por Katia Colina

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