Julio 1974

Se viene el invierno. Veo los árboles indiferentes seguir la ola del viento y cubrirse de rocío.

Cada quince días el rostro conmovido de mi padre me muestra el pasar del tiempo. Las marcas de las arrugas le hieren la cara de forma cada vez más violenta.

Los muchachos igual salen. Normalmente se quejarían por la lluvia, pero acá todo asume otro significado. Agradecen la lluvia, agradecen ver el cielo, gris, no importa; bendicen las gotas que salpican y despiertan recuerdos lejanos.
¡No pasa nada, NADA NADA NADAAA! ¡No enloquecer! Recordar que existe el tiempo, que existe la vida, el sol, el calor, las PERSONAS, que no son construcciones engañosas de la memoria. ¡Existen, existen!

Me duele el brazo. Por lo menos me vacunan. Me concentro en este dolor, presente, real, estoy vivo. ¡Sí, estoy vivo!

Todo es un engaño, todo es una estrategia para confundir la verdad, La Verdad. Yo sé cuál es la Verdad. No me engañan. ¡Hoy es 24! ¡ Sí señores, 24! ¿Sus pequeñas trampas diabólicas saben dónde se la pueden poner, lo saben? Sí, exactamente ahí, con todos los ñoquis que cocinaron hoy, calentitos por favor. Mi almanaque me salva, escondido, por supuesto. Un clásico verdad… eso que se aprende de las películas, de las novelas, sin imaginarse uno un día estando realmente esperando el sol de la mañana para poner una crucecita, sutil reserva de oxígeno.

Me quieren matar los hijos de puta. Me quieren matar sin ensuciarse las manos. Me infligen pequeños dolores, en cuotas. A ver si aguanto o si abandono, a ver si soy hombre. Me curan, así disfrazan el placer de infligirme dolor sin hacerse cargo de él. Me incrustan un diente sin piedad. No de oro, ojo, no se le dispare la cabeza. Bronce para los presos, oro para los generales, así todo está en orden, cada uno en su lugar.

Vuelve el dolor y tiene la cara de mi padre. Vuelve la fuerza que contiene mi locura. Aguantar. La lluvia, la niebla, los árboles, tengo que acostumbrarme a mirarlos desde acá. ¿Quiero la vida? ¿La quiero? Los años no son nada. Tengo que pensar en LA VIDA. ¿Quién soy yo? ¿Quiero poder contar un día? ¿Puedo imaginarme oídos HUMANOS futuros? ¿Hay futuro?

Por Rossella Petrolati

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