Ocultos en el centro

Por Javier Russo

La esquina de los generales es un lugar denso. Es la una de la tarde de un lunes y el semáforo está en rojo. Autos, camiones y motos parados sobre Bulevar General Artigas esperan para cruzar la Avenida General Flores. Por la primera pasan hacia el centro y hacia afuera siete líneas urbanas y dos suburbanas. Por la otra, en el sentido este-oeste y viceversa, circulan dos líneas urbanas y varias interdepartamentales que van y vienen del litoral oeste del país. El vendedor de repasadores aprovecha para hacer algún peso con el tránsito detenido. Trotando recorre ventanillas cerradas y por la sien le corre una gota gorda. Se inclina hacia atrás y me mira de arriba abajo. “No, no sé dónde queda el Ceprili”, responde mientras se apronta para trasladarse al otro cruce.

Todas las personas que pasan día y noche por General Flores entre Bulevar y el monumento a Herrera pasan frente a la División Salud de INAU y, al Centro de Internación Femenino (CIAF) de INISA. ¿Alguien sabrá que eso está ahí? Sobre unas columnas blancas de material, en el 3214, un cartel verde de madera de dos por tres dice: “Inisa. Centro de salud”. Sobre otra columna sobrevive una placa de metal del Consejo del Niño. Un espacio verde y un camino de tierra lo separan del edificio de dos pisos. A un lado camiones entran y salen de una barraca, hacia el otro lado, en medio de una cancha de fútbol 5 abandonada hay ropa colgada de quien duerme y vive ahora en ese lugar. En frente hay una iglesia de mormones siempre cerrada, y un edificio en construcción. Un cartel dice: “Ahora podes crecer, subite a LIFT, la nueva forma de vida moderna” y ofrece apartamentos a estrenar de 1 y 2 dormitorios desde 86 mil dólares. Desde el primer piso el obrero de casco amarillo sacude la cabeza y mueve el dedo índice de un lado a otro. “No hay vacantes”, me grita. No, si sabe dónde queda el Inau, pregunto. Levanta los dos hombros y vuelve a mover la cabeza.

Todas las personas que pasan por Bulevar entre General Flores y Cufré pasan frente a un largo muro pintado de colores. Hay escenas de jóvenes trabajando en algo parecido a una carpintería. Hay otros juntando frutas y verduras de una huerta. No hay pintados ni barrotes ni cadenas. Un rollo de alambre de púas, un tejido de alambre y más atrás otro tejido de alambre recorre el muro de punta a punta. Sobre una esquina, por encima del muro, contra un edificio de apartamentos, hay una casilla. Sentados afuera de ésta conversan dos policías, un varón y una mujer, sin prestar mucha atención a lo que pasa a su alrededor. ¿Sabrán los que pasan por aquí que, detrás de esas paredes, hace un año el dirigente sindical Joselo Lopez presenció cómo unos veinte funcionarios golpeaban y pateaban en el piso a unos pocos adolescentes? A la mitad de este muro colorido y contra la calle, está la parada de buses interdepartamentales. La señora de pelo gris espera el que la lleve a Colonia. “No, no sé qué es esto, siempre tomo el ómnibus acá pero no sé. Supongo que debe ser algo de la comisaría porque allá arriba hay policías. Está lindo pintado el muro”.

El muro del Ceprili termina sobre una pared de ladrillos que pertenece a la seccional 13° que queda en la esquina de Cufré. Esta calle separa a los patrulleros del Hospital Filtro. Hospital donde hace 22 años, un 24 de agosto, fueron sacados dos hombres y una mujer de origen vasco para ser extraditados a España acusados de pertenecer a ETA. 24 años tenía Fernando Morroni cuando fue asesinado por la dura represión que se lanzó sobre los manifestantes que apoyaban a los vascos. Este lugar es denso.

Por la calle Cufré están los fondos de la barraca, los fondos del Ceprili y antes de llegar a la calle Larrañaga hay casas, casas de familia, de barrio, un almacén y una rotisería. Una de las casas además de rejas tiene chapas que impiden que se vea hacia adentro. Es el CEMEC: Centro de Medidas Cautelares. A mitad de cuadra una plazoleta descuidada tiene un cartel herrumbrado y torcido que dice: “Espacio libre Héctor Rodríguez”. ¿Imaginaría este sindicalista textil y dirigente político fundador del Frente Amplio, que pasó preso más de nueve años durante la dictadura, que su plaza daría a los fondos de un centro de privación de libertad para adolescentes? Adolescentes Sin Sin, porque según el sociólogo Luis Eduardo Morás en su libro Los enemigos de la seguridad. Desigualdades y privación de libertad adolescente (FCU, 2016), ocho de cada diez de estos adolescentes trabajaron, y el 45% pasó por el liceo o la UTU. Por lo tanto, son personas que están Sin trabajo y Sin estudiar, no adolescentes Ni Ni -que Ni estudian Ni trabajan.

Por acá circulan patrulleros, ambulancias y autos. Muchos autos, que salen del Shopping Nuevo Centro ubicado del otro lado de la plazoleta. Antes de que se levantara este centro comercial y sus dos torres de 25 pisos, en este predio estaban los galpones de la empresa Cutcsa. Galpones cedidos por el directorio de la mayor empresa de ómnibus de Latinoamérica para que se acuartelaran los represores de aquel agosto sangriento. ¿Sabrán los que salen del cine o de la plaza de comidas o del día de descuentos que del otro lado hay una cárcel? Cárcel que encierra pobres, porque tres de cada cuatro de estos jóvenes proviene de las zonas más carenciadas del país. Jóvenes pobres que tenían una vida difícil mucho antes de entrar en conflicto con la ley. Porque la expulsión del sistema educativo es anterior, porque el abuso sexual es anterior, porque la desocupación es anterior.

Se quita el auricular de la oreja donde le brilla una caravana y me dice:

-Perdoná, ¿qué?
-Te pregunté si sos del barrio.
-Más o menos ¿por qué?
-¿Sabés por acá dónde hay una cárcel de adolescentes?

Rebolea los ojos hacia arriba como tratando de encontrar una respuesta y me dice:

-No… por acá no.
– ¿Y por otro lado?

Tuerce la boca, se acomoda la mochila y dice:

-No… tampoco.

Enseguida se vuelve a colocar el auricular, baja el cordón de la vereda en la Avenida Larrañaga, y mira a lo lejos para ver si viene el ómnibus. A nuestras espaldas, el shopping Nuevo Centro siempre está en obra y ofrece nuevos espacios para comer, para el consumo y para la diversión. Los nuevos centros de privación de libertad no ofrecen actividades tendientes a la rehabilitación. Así lo dice el informe presentado por el Mecanismo Nacional de Prevención de la Tortura (MNP) que afirma que en estas cárceles los espacios de educación, esparcimiento y recreación son limitadas. Otro tipo de violencia que constató este organismo dependiente de la Institución Nacional de Derechos Humanos (INDDHH), es la administración de psicofármacos a los adolescentes por parte de los funcionarios. Según el MNP, en junio 2015, en el CEPRILI 38 de los 54 adolescentes presos estaban medicados, pero ninguno tenía diagnóstico. Y en diciembre del mismo año, en el CIAF, 30 de las 34 presas estaban medicadas pero solo tres tenían diagnóstico.

Son las tres y cuarto. En el patio de recreo de la escuela pública ubicada frente al Nuevo Centro los niños corren y gritan. En los semáforos de la rotonda del monumento a Batlle obreros del Sunca se aprontan a cortar el tránsito. La vida sigue. Gente que va gente que viene, gente que no sabe que a pocos metros la vida de muchos adolescentes no sigue, porque en el encierro no se puede ir, venir, consumir. En el encierro solo se puede juntar bronca y esperar.

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