Puta

 

Por Noelia Rocha

Los vecinos de al lado se fueron. No eran mis amigos, pero soy consciente de la importancia que se adjudicaron al compartir la pared del living con la de su dormitorio. Padecieron mis tardes de música descontrolada donde me fumo un pucho robado, leo y sueño. Compartir la pared te lleva a conocerte bastante, se accede a la persona más allá del saludo matinal en el corredor.

Pocos meses antes de mudarse vino a vivir su hermano menor desde el interior, ya estaba separada de su pareja, se la veía más feliz. Pero antes la pared fue cómplice de episodios que no queremos ver, me incluyo para recordarmelo, para pensar en todas.

Esa tarde me senté en la computadora para trabajar. A los pocos minutos sentí voces que se convertían gritos.

-Puta.

El grito se extendió desde su apartamento al mío. Había golpes sobre algunos objetos y sobre la pared, el perro caniche ladraba sin parar.

-No estoy con nadie más.

Lo escuché claro y fuerte, pero la otra persona no veía razones, insultaba como si fuera una máquina programada. Después vino el corazón en picada y el llanto desbordado, compartido por las dos. Hubo silencio.

No fui, pero puedo ser.

Algún día habrá un mundo donde nos hagamos libres y podamos vivir sin miedo.

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